La loca de los gatos.

¿Quién no tiene en su vecindario a una «loca de los gatos»?

Cuando iba a la secundaria en San Isidro, solía encontrarme con otras dos compañeras en una de las esquinas del museo Pueyrredón, para hacer juntas la caminata de diez cuadras hasta el Colegio Nacional.

En ese lugar del museo los vecinos solían abandonar a los gatitos que no lograban dar en adopción, y un matrimonio mayor que vivía enfrente se encargaba de alimentarlos y protegerlos de los perros. Para nosotras eran «los locos de los gatos» y les teníamos mucho cariño ya que también a nosotras nos encantaban esos animalitos y siempre que podíamos adoptábamos alguno.

Pero nunca imaginamos que algún día una de nosotras acabaría por convertirse en «la loca de los gatos» de su futuro vecindario… ¡Fui yo!

Nunca digas «de esta agua no beberé.»

Cuando me mudé a Cariló, todos mis amigos me decían que tenía que adoptar alguna mascota, pero yo estaba algo reticente porque por mucho que adorase a los animales (en particular a los gatos), pensaba que adoptar uno me limitaría a la hora de querer viajar. En ese entonces, si se me ocurría viajar a alguna parte, simplemente cerraba la cabaña, ponía la alarma y me iba por el tiempo que se me antojaba. Era un estado de libertad al que me resultaba difícil renunciar.

Un buen día, sin embargo, se metió un ratón en la cabaña y mi prima y su novio, que estaban de visita por Semana Santa, me volvieron a sugerir que adoptase un gato. Yo lo pensé bastante pero finalmente desistí de la idea y fui a la ferretería del centro comercial a compra veneno y, de paso, un felpudo para reemplazar al que tenía y que ya era pura hilacha.

Mientras esperaba mi turno, de entre los estantes salió una hermosa gatita blanca con el lomo cubierto de manchitas de colores. No tenía más de tres meses y maullaba insistentemente mientras se nos refregaba por las piernas. Le pregunté al encargado del negocio porqué maullaba así y él me respondió que era porque quería ir con la mamá, que estaba encerrada comiendo en la oficina.

-La pobre tiene demasiadas crías que alimentar y, si no la encerramos, no la dejan comer tranquila-, me explicó.

¡Efectivamente, enseguida comenzaron a aparecer gatitos de todos los colores y tamaños! Pero eran muy miedosos y sólo la primera en aparecer se mostraba mimosa y confiada. Para cuando llegó mi turno, ya me había agachado a acariciarla y estaba atrapada entre la ternura, la compasión y mi adicción a esa libertad de no depender de nadie ni que nadie dependa de mí…

Mi primera reacción fue ponerme a la defensiva y enfadarme, porque alguien era responsable de que yo me sintiera culpable por no querer hacerme cargo de esa pobre gatita. ¡Típica reacción de quien siente amenazado algo que aprecia mucho: mi independencia en este caso!

-¿Y por qué no esterilizaron a la mamá antes de que se les llenara el lugar de tantos gatitos?-, le pregunté al encargado con cierto tono de reproche.

-Nosotros quisimos llevarla a zoonosis para que la castraran, pero el dueño no nos dejó. Para él su gata tiene que seguir teniendo cría hasta que se muera, porque tampoco nos da suficiente alimento para que la pobrecita pueda dejar de amamantar y los gatitos empiecen a alimentarse solos. Mis compañeros y yo hemos adoptado algunos, pero siempre nacen más de los que podemos ubicar…

Para hacer corta una larga historia, esa mañana regresé a casa con un felpudo nuevo y un canil con dos gatito: la blanca con manchitas y uno todo amarillo. Los llamé Milo y Mindy, y en menos de quince días ya me habían cambiado la vida de manera radical y definitiva.

Ahora, seis años después, vivo con sus cuatro hijas (todas castradas, por supuesto): Olivia, Samantha, Kimberley y Uma. Ellas se convirtieron en las dueñas de la casa y son mis amores.

La libertad que perdí al adoptar a sus padres, no la extraño en absoluto. De hecho, he renunciado feliz a varias invitaciones para viajar, y cuando tuve que viajar por razones familiares o por alguna invitación que no podía rechazar, lo único que deseaba era regresar a mi bosque encantado y estar con mis «bichitos de luz». Ellas, un par de gatos «colados» que vienen a comer de vez en cuando, y las ocasionales gatitas que me tira algún vecino que ya me identificó como «la loca de los gatos» que todo vecindario que se precie debe tener; son mi mejor compañía, mis maestros de vida y mi entretenimiento favorito.

Con el tiempo descubrí que en Cariló podríamos fundar un club de «locos por los animales», pues por desgracia es muy común que después de la temporada de vacaciones queden varios perros perdidos y/o abandonados.

Además, pese a que Zoonosis ofrece programas de esterilización y vacunación gratuitos para los vecinos, todavía hay demasiada gente irresponsable que no se interesa por el bienestar de los animales.

Afortunadamente también hay personas generosas y proactivas como

Paola Ivanoff: https://www.facebook.com/paola.ivanoff.1?fref=ts

y los amigos de los gatos de Madariaga y de Pinamar:

https://www.facebook.com/adopcionesdegatos.madariaga?fref=pb&hc_location=friends_tab&pnref=friends.all

Si perdiste a tu perro en las vacaciones o sos vecino y se te perdió tu mascota. O si querés adoptar a quien se convertirá en tu amigo más querido, no dudes en contactar a esta brigada de ángeles guardianes de los animales.

 

 

2 comentarios en “La loca de los gatos.

  1. Hola María!
    Me encanta tu blog y que identificada me siento con mucho de lo que decís!
    Yo también soy una loca de los gatos!! Jajajaja tengo dos actualmente y son como hijos para mí. Realmente me cambiaron la vida y me llenaron de cosas lindas. Todos los días me sorprenden y alegran.
    Es un gusto y un placer descubrir tu blog. Me encanta! Y quiero vivir en una casita en un bosque y ser escritora! Es el sueño de mi vida jajajaja.
    Espero seguir leyénodote!

    Saludos desde La Pampa.

    Celes.

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    1. Hola Celeste. ¡Muchas gracias por tus lindas palabras!
      Para mí también mis gatos son mis bebés y me alegran cada día. Además son mis grandes maestros, pues nadie sabe mejor que ellos cómo disfrutar de la vida en este mundo.
      Respecto a tu sueño, nunca lo sueltes y te aseguro que cuando sea el momento adecuado la vida se hará cargo de hacerlo realidad.
      Ayer me dieron mi primer trabajo como redactora de contenidos freelance y tengo que entregarlo este domingo, así que recién volveré a publicar la semana que viene.
      Te mando un gran abrazo y nos reencontramos pronto. Bienvenida al blog y ya iré a visitarte al tuyo.

      Me gusta

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