«The Big Fish…»

«El gran pez» es una película que trata sobre un hijo al que le fastidia la manía de su padre por inventar historias fantásticas cada vez que relata algún acontecimiento de su vida. El hijo quiere que su padre se limite a contar las cosas tal como son realmente y que deje de adornar los recuerdos con su inagotable imaginación.

Afortunadamente para él, la vida termina por enseñarle que la realidad de las cosas no radica en los  hechos y datos objetivos sino en las emociones y sentimientos que nos dejan una vez que pasan primero al recuerdo y finalmente al olvido.

Yo tuve la gran bendición de que mi propio padre fuera muy parecido al del protagonista de la película. Y si alguna vez sus hijos lo acusábamos de estar contando mentiras, él se defendía con una irónica sonrisa diciendo: «¡Yo no soy ningún mentiroso, simplemente tengo una gran imaginación!», y así era efectivamente y gracias a Dios (o a Ganesha, nuestra deidad familiar).

El domingo 11 de junio me desperté con el alboroto de unos perros que les ladraban frenéticamente a mis gatas, quienes aparentemente se habían refugiado debajo de la cabaña. Salí corriendo de la cama y fui a ahuyentarlos. Una vez que se hubieron ido, volví a la cama y seguí durmiendo. Esta situación no era nada inusual y ni por un instante se me cruzó por la cabeza que mis gatas (adultas y acostumbradas a escaparse de los perros trepándose a los árboles o a los techos) podían haber estado en peligro.

No puedo ni quiero describir el dolor que sentí cuando unas horas más tarde salí a regar y me encontré con que esos perros habían matado a una de mis gatas y a un gato ajeno que tenía medio adoptado… pero diré que fue algo afortunado que esta tragedia sucediera un domingo y no hubiera ninguna persona a cientos de metros de distancia para escuchar mis llantos desconsolados cuando me encontré a Samantha ya muerta en medio del parque (a Maltrecho, el gato semiadoptado nunca llegué a verlo sino que fue el hecho de que ya no volviera y el olor que comenzó a salir de debajo de mi cabaña una semana más tarde lo que me hizo comprender que también él había sido víctima de los perros aquel fatídico domingo).

Samantha y Maltrecho eran amigos desde hacía ya tres años, cuando él apareció por primera vez hecho una piltrafa a causa de sus peleas con otros machos. Esto siempre me llamó la atención porque Samantha siempre se mantuvo a una distancia prudencial de sus tres hermanas y de cualquier otro gato que rondara su territorio. Por su parte, sus tres hermanas no sentían ninguna simpatía por Maltrecho, aunque se limitaban a ignorarlo.

Aquella última noche ambos habían dormido adentro y después de que les di su leche tibia a la madrugada, salieron juntos al deck y yo volví a la cama para dormirme hasta que me despertaron los ladridos. No escuché chillidos de gatos y todavía no consigo comprender cómo es posible que los atraparan. Sin embargo hoy ya no me sorprende que se hayan ido juntos…

Después de enterrar a Sami y de conseguir calmar el llanto, me vino a la memoria lo que solía decirme papá cuando se me morían mis mascotas de manera prematura cuando era chica:

-Lo que sucede, hijita, es que usted interactúa tanto con sus mascotas, les enseña tantas cosas en tan poco tiempo; que ellas están rápidamente listas para tener su primera encarnación humana. La reencarnación en un animal doméstico es la última encarnación de un alma como animal, pues vivir junto a las personas les permite ir aprendiendo el lenguaje y las costumbres de los humanos. Pero esas almitas quieren renacer cuanto antes como bebés y convertirse en niños y niñas para jugar como usted. Ya no quieren esperar ni un día más para empezar esa nueva vida y sería egoísta de su parte (papá nos trataba de usted) pretender retenerlos una vez que ya están listos para emprender esa maravillosa aventura, ¿no le parece?

Pero no se sienta triste porque hay una parte de nosotros que nunca se muere ni se encarna, y en esa parte todas las almas siempre han estado unidas y nunca dejarán de estar juntas. ¡Seguro que cualquier noche de éstas se va a reencontrar con su gatita en algún sueño!-, me explicaba el viejo con su aire de Brahmín y sus ojos siempre chispeantes.

El consuelo nunca era inmediato, pues el arte del desapego no es fácil de dominar. Pero tarde o temprano, siempre resultó infalible. ¡Incluso ahora que ya tengo 50 años y también él decidió hace más de una década que ya estaba listo para emprender una nueva aventura en otra vida o en otro plano. Porque es verdad, en algún punto nuestras almas siempre han estado y seguirán estando unidas por toda la eternidad, y aún ahora que soy una «vejestoria», su voz sigue acudiendo para darme consuelo como si siguiera siendo su bebita.

¡Qué gran bendición haber tenido un padre así de cariñoso y sabio, aún cuando resulte imposible saber cuánto de lo mucho que me enseñó fuera objetivamente cierto o no! Pues sus «bolazos» o su rica imaginación no sólo nunca me hicieron daño sino que han embellecido muchos momentos de mi vida.

¡Gracias, papocho requetechocho!

Y cuidame a Sami y a Maltrecho hasta que nazcan como bebés.

¿Serán mellizos?

 

Si te ha gustado esta historia no dejes de compartirla y de darle al Me gusta para ayudarme a difundir mi arte narrativo.

¡Muchas gracias!

 

 

 

 

3 comentarios en “«The Big Fish…»

  1. parece increible como su papocho… Recuerdo haberle dicho muchas veces, tu problema es que no tenës dibujada la linea entre la realidad y la fantasía… se movía sin problemas de una a la otra.. sin darse cuenta demasiado ( y sin importarle claro!)Un privilegio haberl tenido cerca.Lindo tu escrito.Beso

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s